martes, 25 de septiembre de 2007

¡REGALAME VIOLETAS!


Recuerdo aquel día en que no esperaba nada, me veía en el espejo y me preguntaba si aún me comportaba aveces como una niña, mientras escuchaba pasar los murmullos que derrepente se callaban. Hallaste el justo espacio para acercarte un poco más a mi, cuando aún seguía esperando nada. Me dijiste cierra los ojos y respira este aroma, aroma a belleza. ¡Sabías que me gustan las violetas!. Porque nunca me diste rosas rojas ahora comprendía.

Aquí están tus recuerdos:
este leve polvillo de violetas
cayendo inútilmente sobre las olvidadas fechas, tu nombre.
El persistente nombre que abandonó tu mano entre las cuerdas de una guitarra.
Huí ...

Ví amaneceres de la aurora en plena madrugada, pude ver el sol cuando se mete en el mar y todo el tiempo pensaba en tí y me perocupaban las violetas; pues no las olvidaba.
Llegué después de una semana y las violetas habían perdido el aroma de invernadero, es más; se habían muerto.

(Abril de 2005)

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